Mi amado Matías:
Como es de tu conocimiento, te escribo constantemente sobre todo cuando el dolor no cabe en mi corazón y sólo el hablarte consuela en parte el alma herida.Un tiempo callé....
Tantos meses,tan vacía la poesía.¿Es que en mi corazón no hubo canto para tí,nostalgia ni alegría?
¿Fueron mis torpes manos tan porfiadas, que no querían hablar con el abecedario infinito? Quizás la música celestial de los falsos poetas y ángeles caídos me tenía atrapada. Creo que eso fué, sí, claramente fué así.
Ahora, con la melancolía en mis manos te escribiré mucho y te acercaré a mí corazón, lindo Matías.
Hermoso nombre, hermoso niño, hermoso hombre, hermoso amigo, hermoso mío.
Tú estás ahí, no te veo, pero el sexto sentido del mayor sentimiento lo sabe bien.
El Tres de Enero te fuiste de esta tierra, nos dejaste con el mundo girando en otro sentido, en círculos viciosos, en idas y avenidas sin nombre, en esferas concéntricas de ideas, en malditas geometrías desconocidas, hasta que tanto dolor las hizo sabidas.
Me encuentro en el puente entre la ambición de verte y la osadía de escucharte.
Tú entiendes Matías, es el paisaje Dantesco que pide a gritos tu presencia.
Aquieta el agua de un corazón intranquilo, ilumina las tinieblas de la melancolía permanente; aleja el espanto del alma degarrada, déjame sólo mi dolor transparente.
Cuando el cielo revele las verdades de la tierra, emergerás del fondo de todas las bondades, de la tierra ancestral en que viviste y entregaste tu alma joven al Mayor de los Guerreros.
Matías, vida en la vida mía, arrastra mi luto lento hacia donde bailan las heridas, los dolores, las añoranzas y los sutiles miedos en una danza de infinito silencio.
Entra en mi camino, acompáñame a recorrerlo.
Me gusta ver la mañana asoleada del invierno, el olor de la calle después de la lluvia, la rosas color té y pensar en el amor eterno atravesando el aire impregnado por tu recuerdo.
Te amo mi Matías, nunca me dejará ese dolor tan pleno:¡Inútil sentimiento!
Voy a ir a buscarte a otro lugar, a otro tiempo. Seremos felices en un reino que seré capaz de inventar, de ofrecer por un momento, hasta que llegue el magno, el dulce instante
del Definitivo Encuentro.

Estás en mí y en las lágrimas que ahora derramo y nunca seco...

Te amo Matías,
Tia María José